El Vaticano ha emitido una decisión relevante con respecto a la conservación de las cenizas de los difuntos, autorizando la posibilidad de mantener "una mínima parte de las cenizas de un familiar en un lugar significativo para la historia del difunto".
Sin embargo, se excluye explícitamente cualquier tipo de dispersión de las cenizas, para evitar malentendidos panteístas, naturalistas o nihilistas.
Esta respuesta del Dicasterio para la Doctrina de la Fe surge a raíz de dos preguntas formuladas formalmente por el cardenal Matteo Zuppi, arzobispo de Boloña. Surge ante la creciente tendencia de cremar a los difuntos y dispersar sus cenizas en la naturaleza.
El cardenal expresó su preocupación por la preferencia económica de la dispersión y la falta de orientación sobre el destino final de las cenizas.
Autorización papal
La autorización papal, aprobada el 9 de diciembre, destaca la posibilidad de crear un lugar sagrado "para el acumulo común y la conservación de las cenizas de los bautizados difuntos".
En este cinerario común, las cenizas individuales se mezclarían, preservando la identidad nominal de cada difunto con datos anagráficos.
Las dos preguntas clave planteadas por el cardenal Zuppi al Vaticano recibieron respuestas afirmativas.
En primer lugar, se consultó sobre la posibilidad de establecer un lugar sagrado permanente para la acumulación y conservación de las cenizas de los difuntos bautizados.
Sin embargo, pide evitar, la dispersión y manteniendo un registro anagráfico de cada individuo.
En segundo lugar, se preguntó si una familia podía conservar una parte de las cenizas de un ser querido en un lugar significativo para la historia del difunto.
La instrucción recuerda la necesidad de que las cenizas se conserven en un lugar sagrado, como un cementerio o un área específicamente dedicada, designada por la autoridad eclesiástica.
Además, se subraya que esta medida busca reducir el riesgo de olvidar y deshonrar a los difuntos, así como prevenir prácticas inapropiadas o supersticiosas.
Por último, la decisión final del Vaticano también reflexiona sobre la fe cristiana en la resurrección.
Enfatiza que esta implica la misma identidad corporal, aunque transformada, y señala que la transformación no implica la recuperación de las mismas partículas materiales del cuerpo original.




