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El coronavirus propaga la epidemia de la xenofobia en Italia

Por César Salvucci

Ciudadano chino.
Ciudadano chino. (Foto: Jason Goh - Pixabay - imagen referencial)

El impacto del coronavirus en Italia va mucho más allá de dos casos confirmados y varias decenas de sospechosos. El virus chino se transformó en epidemia en nuestro país: el 2019-nCoV hace rebrotar más que nunca la xenofobia en gran parte de la sociedad.

Los chinos son las nuevas víctimas del racismo impregnado en declaraciones y actitudes del arco político y de la sociedad civil

Xenofobia y delirios del arco político

Apenas minutos después de que el Gobierno declarase la emergencia sanitaria por el coronavirus, el líder de la Lega Matteo Salvini salió a responsabilizar a las autoridades nacionales.

Salvini se jactó de haber estado durante mucho tiempo abogando por el cierre de las fronteras, medida que a su criterio hubiera servido para evitar la entrada del virus a suelo italiano.

Sin embargo, lo que el exministro del Interior no dice –solo en esta ocasión– es que su eterna campaña fue el cierre de puertos italianos contra inmigrantes y refugiados y no controles sanitarios en vuelos provenientes de China.

Tanto la Lega como el resto de la derecha italiana han encontrado en el coronavirus el motivo perfecto para justificar su xenofobia

Cansados de ser criticados por xenófobos y racistas, el coronavirus los deja exponer todo su desprecio contra los extranjeros, ahora amparados ante la moralidad sanitaria.

Un delirio que recorrió los medios de todo el mundo fue el que protagonizó el vicepresidente del Senado, Ignazio La Russa, quien sugirió adoptar el saludo romano para evitar el contagio del coronavirus por contacto físico.

Se trata del saludo que usaban los antiguos romanos, pero que en 1922 fue reintroducido por iniciativa de Benito Mussolini, como demostración de adhesión al régimen fascista. Años negros de la Italia reciente, que parece rebrotar constantemente: un reciente informe revela que crece el número de italianos que reivindican al Duce.

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Violencia civil

Por supuesto, la sociedad civil se hace eco de los referentes políticos y así continuamos viviendo inmersos en un clima donde la xenofobia pareciera estar avalada oficialmente.

Emblemático es el ejemplo del bar cercano a la Fontana di Trevi que colocó un cartel en su puerta prohibiendo la entrada de turistas chinos por temor a contagios.

¿Hace falta explicar la ignorancia detrás de esta decisión? Cuesta imaginar que quienes lanzaron esta iniciativa crean que un español, un francés, un estadounidense o un propio italiano no puedan contagiar el virus. Sencillamente no los importa. Cualquier motivo es válido para justificar el desprecio a quien no es italiano, especialmente si es chino, sirio o libio.

No importa si es un turista, si es un enfermo o un refugiado. El desprecio es la moneda corriente

"¿Puedes creer que hoy una china me agradeció porque fui la única q se sentó a su lado en el bus? ¡La gente está exagerando!", escribe una internauta en un grupo de venezolanos en Italia.

El comentario es en respuesta a una publicación que cuestiona el trato que se les está dando a los chinos en nuestro país: "En la región donde vivo ya han cerrado algunos restaurantes por falta de clientes. Hoy fui a un negocio (...) y no había nadie. Cuánta ignorancia alrededor".

La ignorancia y desprecio no concierne exclusivamente a las personas mayores, ni a los sectores que generacionalmente se podrían categorizar como conservadores. En Frosinone (Lacio), un grupo de estudiantes de la Academia de Bellas Artes apedreó a compañeros chinos por "miedo" al contagio.

El ejemplo del presidente

Una vez más, desde lo más alto del Estado se busca contrarrestar la xenofobia. El presidente de la República, Sergio Mattarella, visitó una escuela en un barrio de la capital con una fuerte presencia de la comunidad china. 

Allí, el jefe del Estado, rodeado de niños, remarcó algo tan simple como valioso para una sociedad más justa: "La amistad y la paz son fundamentales". 

Además de una vacuna contra el coronavirus, lo que urge a Italia es terminar con el desprecio y la xenofobia, una epidemia que no tiene dos casos confirmados, sino cientos de miles.

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