A partir del 1 de abril, el smart working dice adiós en el sector privado italiano. La medida implica el cese del trabajo remoto incluso para padres con hijos menores de 14 años y trabajadores considerados frágiles.
A pesar de los intentos por extender la fecha límite mediante un emendamiento al decreto de prórrogas, el retorno a las oficinas es obligatorio para todos, sin excepciones.
No obstante, queda abierta la posibilidad de acuerdos individuales entre las empresas y los empleados, permitiendo así el trabajo remoto según las necesidades corporativas.
Los psicólogos advierten sobre la importancia de acompañar este proceso de transición.
David Lazzari, presidente del Consejo Nacional del Colegio de Psicólogos, comenta a Rai News: "No se debe generalizar sobre el uso del smart working. Habrá personas que sufrirán esta decisión y otras que la vivirán mejor".
Lazzari señala la necesidad de una forma híbrida de trabajo, combinando días presenciales con días de teletrabajo, para brindar flexibilidad tanto a los empleados como a las empresas.
Además, destaca la importancia de ofrecer opciones de trabajo remoto como parte de una política laboral más inclusiva.
El regreso a la oficina después de un período prolongado de trabajo remoto requiere un acompañamiento adecuado para garantizar que los trabajadores no se vean abrumados por los cambios.
En todo este tiempo, el smart working ha demostrado beneficios significativos, como la conciliación entre la vida laboral y personal, el ahorro de costos para las empresas y la reducción del estrés relacionado con los desplazamientos y los horarios de trabajo rígidos.
Sin embargo, también plantea desafíos, como la falta de conexión con los colegas, la falta de supervisión y los límites borrosos entre el trabajo y la vida personal.




