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La estafa del siglo: el italiano que robó la Mona Lisa y el argentino que la vendió seis veces

Hoy se cumplen 500 años de la muerte de Leonardo Da Vinci, el genio polifacético que dio origen a tantas obras inmortales de diferentes rubros. Sin embargo, la más conocida, preciada e intrigante es el retrato a Lisa Gherandini, esposa de Francesco del Giocondo, más conocido como 'La Gioconda' o 'Mona Lisa'.

Esa obra con la que Leonardo llegó a Francia, pasó por las manos del Rey Francisco I, luego de la Revolución Francesa se instaló en el Museo del Louvre de París, más tarde fue llevada por orden de Napoleón Bonaparte al Palacio de las Tullerías, para luego retornar al Louvre, lugar donde permaneció hasta 1911.

La estafa maestra

Vincenzo Peruggia nació en Dumenza, Varese, en 1881. Quienes lo conocieron afirman que no era muy despierto, tenía pocas luces y su vida de carpintero era más que pobre.

Decidido a dar un salto, migró hacia París para buscar un mejor porvenir. Es así que comenzó a trabajar para el Museo del Louvre realizando reparaciones esporádicas, pero lo suficientemente continuas como para conocer cada rincón del lugar.

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Vincenzo Peruggia.

A él llegó Eduardo Valfierno, un argentino experto en la estafa, quien arribaba a Europa luego de embaucar en Sudamérica a cientos de personas con sumas altísimas de dinero.

El latino no había llegado solo a París, dado que lo acompañaba el pintor francés Yves Chaudron, un experto en el arte del copiado y socio de Valfierno.

Ambos trabajaron con paciencia: a Chaudron le tomó 14 meses reproducir seis copias perfectas de la Mona Lisa, tiempo que Valfierno (haciéndose pasar por marqués) aprovechó para contactar a millonarios que estuviesen dispuestos a pagar sumas irrisorias por la obra de Da Vinci. 

Entre ese trabajo se encontraba la búsqueda de alguien que robe la obra, no para que se la lleve a Valfierno, sino para que la noticia corra por todo el mundo y le de pie al argentino para vender las seis réplicas.

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Es así que llegó al carpintero Peruggia, a quien le endulzó el oído diciéndole que Italia era la legítima dueña de la Giocconda, y devolviéndola a Florencia se convertiría en un prócer nacional.

El robo

El domingo 20 de agosto de 1911, el carpintero ingresó al museo para realzar una tarea de mantenimiento, tras la cual se ocultó en un depósito de herramientas cercano al Salón Carré.

A medianoche salió del escondite, descolgó la obra, la ocultó debajo de su guardapolvo y salió del museo como un operario más.

Del robo se dieron cuenta varias horas después de perpetrado, dado que los guardias que recorrían los pabellones creyeron que había sido retirada para una sesión fotográfica en la flamante sala creada para tal fin.

Mientras el mundo se conmovía con la noticia de su desaparición, la obra estaba en la humilde habitación de la pensión donde se hospedaba Peruggia, quien aguardaba la señal de Valfierno para viajar a Italia, la cual nunca llegó.

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Pasaron los años y el italiano no sabía qué hacer, hasta que en el otoño de 1913 vio un aviso en el diario que indicada que un anticuario de Florencia pagaba muy bien por obras de gran valor. Lo contactó, se encontraron y el coleccionista lejos de adquirirla dio aviso a las autoridades.

El 4 de enero de 1914 la Mona Lisa volvió al Louvre de París. En tanto, Vincenzo Peruggia era condenado en Florencia a un año y medio de prisión, recuperando la libertad finalmente a los siete meses. Su vida continuó sin plena ni gloria hasta 1947, cuando murió.

Por su parte, el argentino y el francés jamás fueron descubiertos y esta historia se conoce tras la confesión de Valfierno poco antes de su muerte en Estados Unidos en 1931 al periodista Karl Decker.

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