En Bolonia, miles de manifestantes antifascistas tomaron las calles en rechazo a una marcha autorizada para el movimiento de extrema derecha CasaPound y la Rete dei Patrioti.
A pesar de las advertencias y la controversia, las autoridades permitieron la manifestación en un área simbólica de la ciudad, cerca de la estación de tren en vía Gramsci, escenario de la tragedia neofascista del 2 de agosto de 1980.
La decisión fue vista como una provocación en una ciudad con una fuerte identidad democrática y antifascista, lo que llevó a la organización de múltiples protestas en respuesta.
La jornada fue marcada por enfrentamientos entre manifestantes y la policía, la cual intentó mantener separados al grupo de CasaPound y a los antifascistas.
Sin embargo, una escena generó una gran polémica: en un momento de tensión, un integrante de CasaPound se dirigió a una funcionaria de policía solicitando que “bajaran los escudos”.
Poco después, los agentes antidisturbios bajaron sus protecciones, un acto que fue duramente criticado por el sindicato Silp Cgil, que declaró: “Condenamos con firmeza la violencia, independientemente de su origen. Sin embargo, consideramos inaceptable lo que observamos en algunas imágenes que muestran a uno de los líderes de los movimientos de extrema derecha dando órdenes a los responsables del orden público”.
La jefatura de policía de Bolonia respondió desmintiendo “categóricamente” que miembros de CasaPound u otros movimientos hayan influido en las decisiones de las fuerzas de seguridad, señalando que las interacciones entre funcionarios y organizadores forman parte del “diálogo normal para garantizar un desarrollo pacífico y ordenado de cada manifestación”.
El alcalde de Bolonia, Matteo Lepore, había solicitado que se reubicara la marcha de la extrema derecha, sin éxito. Sin embargo, la respuesta de los ciudadanos fue significativa: tres multitudinarios cortejos antifascistas desfilaron por la ciudad, mientras los manifestantes de CasaPound, en un número de menos de cien personas, permanecían limitados a una sola área. A pesar de la inferioridad numérica, los militantes de extrema derecha criticaron enérgicamente a los movimientos sociales: “No pueden existir ciudades rehén de los centros sociales”, clamaban, envueltos en banderas tricolores.
La jornada también incluyó un acto antifascista organizado por Anpi y Cgil en la Piazza del Nettuno, donde participaron personalidades como Nicola Fratoianni y Elly Schlein, secretaria del Partido Democrático, quien comentó: “Como boloniesa, no creo que haya sido una decisión acertada permitir a la extrema derecha manifestarse a pocos metros de la estación de Bolonia, una herida aún abierta”.
Al caer la noche, la tensión alcanzó su punto máximo cuando un grupo intentó acercarse al lugar donde estaban congregados los manifestantes de extrema derecha, lo que desencadenó enfrentamientos con la policía. En la refriega, se reportaron algunos heridos leves, tanto entre manifestantes como entre agentes de seguridad. No obstante, el jefe de policía, Sbordone, se felicitó públicamente por haber “garantizado a todos el derecho a manifestarse” pese a lo que describió como una “desproporción de los alborotadores respecto a los agentes, agredidos de manera vil”.
Por su parte, figuras políticas de la derecha, incluyendo al ministro de Transporte, Matteo Salvini, respondieron a los incidentes con fuertes declaraciones, pidiendo medidas más severas contra los llamados “delincuentes rojos” y solicitando el avance de un nuevo paquete de seguridad. En paralelo, la derecha local exigió la renuncia de figuras de izquierda que participaron en las marchas, aumentando la presión sobre las autoridades.
Mientras tanto, los organizadores de la protesta antifascista expresaron su satisfacción: “Bolonia ha ganado”, declararon activistas del colectivo Làbas, en un mensaje que reivindica la amplia movilización ciudadana contra lo que consideran una provocación del gobierno de Meloni.




